El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante (Proverbios 12:1).
En muchas ocasiones se entiende la disciplina como un castigo o una forma de penalizar un tipo de comportamiento. Se tiende a hablar de la dureza que supone aceptar la disciplina, la cual también implica sujetarse a la autoridad que te está disciplinando o instruyendo.
Sin embargo, el texto de Proverbios nos presenta la disciplina como instrucción o aprendizaje, es decir, una forma en la que la persona es consciente de sus errores y se deja guiar por Dios para que éste transforme a la persona.
Asumir la disciplina implica reconocer que Dios sabe más que yo; en este caso, como cristianos, debemos reconocer que Él sabe lo que necesito mejor que yo mismo.
3 lecciones sobre la disciplina, según la Biblia
Hay distintos versículos sobre la disciplina en la Biblia que nos pueden ayudar a verla de otra forma distinta a como tradicionalmente se nos ha presentado.
1. El Señor, al que ama, disciplina
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.
En Proverbios 3:11-12 se hace hincapié en no despreciar la disciplina del Señor, porque es una forma en la que Él muestra su amor por nosotros.
El texto insiste en que no nos ofendamos por su disciplina, dando a entender que no debemos pensar ni por un momento que su disciplina significa falta de bondad o de amor por nosotros, sino todo lo contrario. El Señor disciplina al que ama. Si no nos disciplinara como a hijos, significaría que no nos ama, porque nos estaría dejando sin corrección.
2. Amar la instrucción es amar la sabiduría
El que ama la instrucción ama la sabiduría; mas el que aborrece la reprensión es ignorante (Proverbios 12:1).
Aunque puede parecer una cosa demasiado dura y difícil amar la disciplina del Señor, si entendemos ésta como una enseñanza que nos imparte sabiduría, entonces podremos apreciar realmente sus beneficios y no sentirnos menospreciados cuando el Señor desea corregir áreas de nuestra vida.
Una de las peores cosas que puede hacer una persona es justificar su pecado y rechazar la reprensión y la disciplina del Señor. Que Dios quiera cambiar áreas de nuestra vida que no están bien no significa que Él no nos ame. Más bien es al contrario: Él nos ama más que nosotros a nosotros mismos porque desea corregir lo torcido, mientras que el que aborrece la reprensión, según el texto bíblico, es ignorante.
3. La disciplina produce resultados
Ciertamente, ninguna disciplina, en el momento de recibirla, parece agradable, sino más bien dolorosa; sin embargo, después produce una cosecha de justicia y paz para quienes han sido entrenados por ella (Hebreos 12:11).
Este texto refleja que la disciplina, aunque pueda producir dolor, no tiene como objetivo hacernos daño o destruirnos, sino producir justicia y paz en nosotros. A diferencia de esto, lo que Satanás nos ofrece puede al principio no generar dolor, o incluso resultar aparentemente placentero, pero los resultados son dolorosos, porque el fin de las tentaciones y ataques de Satanás es hacernos el mal, mientras que Dios es bueno y su disciplina está orientada a nuestro bien.
También dice el texto que la disciplina es como un entrenamiento, lo cual refleja que es un proceso que puede ser más o menos largo, pero ante todo, para que sea efectiva, tiene que ser continua y sistemática. El Señor no puede dejarnos sin disciplina, al igual que un deportista no debe parar de entrenar, o un soldado de ejercitarse, ya que en el momento de dejar de hacerlo, de manera continuada, pierde su identidad y lo ha aprendido a través de la disciplina.
